Todas somos princesas. Desde que nacemos hasta que morimos. Somos princesas en todo nuestro ser. Hasta la mujer más mala del universo, hasta esa chica que parece no sentir ni padecer. Somos princesas.

Nunca lo olvides, porque es algo muy bonito. Forma parte de tu ser, eres tú. Eres una princesa. Cuando somos pequeñas, nos pintan a las princesas como seres superiores, perfectas, que no sufren y siempre viven en un cuento de hadas. No es cierto. Toda princesa puede tener un mal momento. Pero cuando esa princesa está mal, cuando llora, no siempre hay un príncipe que la consuele. Y no debe buscarlo, ni estar triste porque no existe o todavía no lo ha encontrado. Porque, ¿qué son los príncipes? Al fin y al cabo, ranas. Por esa razón, cuando una princesa está triste, jamás debe sentirse sola. Tiene más princesas que están a su lado. Y la apoyan, y la limpiarán las lágrimas, y la abrazarán como sólo las princesas saben hacerlo. Toda princesa comete errores, no somos perfectas. La perfección no existe, pero la imperfección es perfecta. Mas de los errores se aprende. Los errores se superan, hacen que las princesas crezcan, maduren, se hagan más fuertes. Cuando nuestros padres nos leían antes de dormir sobre esos mundos de ensueño, nuestras espectativas para la vida eran simples: queríamos lo que esas princesas tenían. Nos hacíamos tantas ilusiones, que al bajar al mundo real según crecíamos llegábamos a pensar que no conseguiríamos jamás ser princesas. Pero ya lo somos, nacemos princesas. No, no vivimos las mismas fantasías que en los cuentos, sino que es aún mejor, porque podemos convertir nuestras vidas en nuestros propios cuentos de hadas. Sin que sean perfectos, con sus inconvenientes. Pero nuestros. Cada uno es diferente. Cada princesa es un mundo, en el mundo hay muchas princesas.
Cuando somos pequeñas, todos los cuentos hablan de princesas que encuentran a su príncipe perfecto. Nosotras soñamos, fantaseamos con ser pequeñas princesitas, vivimos ilusionadas esperando nuestro príncipe. Incluso, si es necesario besar ranas, las besamos. Si creémos haber encontrado al príncipe, lo dejamos todo. Nos sentimos como en un cuento de hadas, volvemos a creérnos que somos esas princesas de las que tanto oíamos hablar de pequeñas. Pero los príncipes fallan. Tan pronto son perfectos, como se convierten en ranas. Y una princesa jamás está sola, porque entre princesas nos apoyamos. Las princesas unidas pueden mover el mundo.
No pretendas ser perfecta, no intentes no sufrir. Si tienes que llorar, llora. Cuando necesites un abrazo, no hará falta que lo pidas, porque las princesas se entienden y siempre tendrás ese apoyo, ese cariño, ese amor de hermanas. De princesas. Nunca olvides sonreir. Las sonrisas son lo más bonito, no debes renunciar a ellas. Y la sonrisa de una princesa, es radiante, brillante, perfecta. Sobretodo porque son reflejos del alma, porque muestran felicidad, amor, cariño. Tanto como sólo las princesas saben dar. Nunca sabes lo que puede probocar tu sonrisa en otra persona. Quizá le infunda valor, quizá le haga sentirse querido, quizá se enamore... Quizá pasen muchas cosas. Que sólo las princesas consiguen.

Vive, vive como toda princesa merece vivir. No te pares, no detengas tu camino. Si te caes, levántate, porque somos princesas, pero no somos de cristal. Quizá nuestros zapatos puedan serlo, pero ¿para qué? No son prácticos, se romperían y nos harían daño. Sí, somos princesas. No me cansaré de repetirlo. Pero no las princesas de los cuentos, sino de carne y hueso. Vivimos en el mundo real, no en un cuento de hadas. Pero podemos convertir nuestras vidas en cuentos. En el mundo perfecto, sin necesitad de unicornios o arcoiris. Sólo con felicidad, amor y amistad. Sentirse querido, vivir en un mundo que te gusta. Aunque ese mundo a veces te falle y no sea tal y como lo deseas, da igual, nada es perfecto ni eterno, simplemente tenemos que caminar tras nuestro sueño.
Quizá nunca llegues a creértelo, quizá no seas capaz de comprenderlo, pero es así. Aunque vistamos arapos, aunque juguemos con la lluvia o nos manchemos con el barro. Aunque lloremos, aunque suframos. Aunque no siempre seamos buenas, aunque nos hagan daño...

Nunca lo olvides, porque es algo muy bonito. Forma parte de tu ser, eres tú. Eres una princesa. Cuando somos pequeñas, nos pintan a las princesas como seres superiores, perfectas, que no sufren y siempre viven en un cuento de hadas. No es cierto. Toda princesa puede tener un mal momento. Pero cuando esa princesa está mal, cuando llora, no siempre hay un príncipe que la consuele. Y no debe buscarlo, ni estar triste porque no existe o todavía no lo ha encontrado. Porque, ¿qué son los príncipes? Al fin y al cabo, ranas. Por esa razón, cuando una princesa está triste, jamás debe sentirse sola. Tiene más princesas que están a su lado. Y la apoyan, y la limpiarán las lágrimas, y la abrazarán como sólo las princesas saben hacerlo. Toda princesa comete errores, no somos perfectas. La perfección no existe, pero la imperfección es perfecta. Mas de los errores se aprende. Los errores se superan, hacen que las princesas crezcan, maduren, se hagan más fuertes. Cuando nuestros padres nos leían antes de dormir sobre esos mundos de ensueño, nuestras espectativas para la vida eran simples: queríamos lo que esas princesas tenían. Nos hacíamos tantas ilusiones, que al bajar al mundo real según crecíamos llegábamos a pensar que no conseguiríamos jamás ser princesas. Pero ya lo somos, nacemos princesas. No, no vivimos las mismas fantasías que en los cuentos, sino que es aún mejor, porque podemos convertir nuestras vidas en nuestros propios cuentos de hadas. Sin que sean perfectos, con sus inconvenientes. Pero nuestros. Cada uno es diferente. Cada princesa es un mundo, en el mundo hay muchas princesas.
Cuando somos pequeñas, todos los cuentos hablan de princesas que encuentran a su príncipe perfecto. Nosotras soñamos, fantaseamos con ser pequeñas princesitas, vivimos ilusionadas esperando nuestro príncipe. Incluso, si es necesario besar ranas, las besamos. Si creémos haber encontrado al príncipe, lo dejamos todo. Nos sentimos como en un cuento de hadas, volvemos a creérnos que somos esas princesas de las que tanto oíamos hablar de pequeñas. Pero los príncipes fallan. Tan pronto son perfectos, como se convierten en ranas. Y una princesa jamás está sola, porque entre princesas nos apoyamos. Las princesas unidas pueden mover el mundo.
No pretendas ser perfecta, no intentes no sufrir. Si tienes que llorar, llora. Cuando necesites un abrazo, no hará falta que lo pidas, porque las princesas se entienden y siempre tendrás ese apoyo, ese cariño, ese amor de hermanas. De princesas. Nunca olvides sonreir. Las sonrisas son lo más bonito, no debes renunciar a ellas. Y la sonrisa de una princesa, es radiante, brillante, perfecta. Sobretodo porque son reflejos del alma, porque muestran felicidad, amor, cariño. Tanto como sólo las princesas saben dar. Nunca sabes lo que puede probocar tu sonrisa en otra persona. Quizá le infunda valor, quizá le haga sentirse querido, quizá se enamore... Quizá pasen muchas cosas. Que sólo las princesas consiguen.

Vive, vive como toda princesa merece vivir. No te pares, no detengas tu camino. Si te caes, levántate, porque somos princesas, pero no somos de cristal. Quizá nuestros zapatos puedan serlo, pero ¿para qué? No son prácticos, se romperían y nos harían daño. Sí, somos princesas. No me cansaré de repetirlo. Pero no las princesas de los cuentos, sino de carne y hueso. Vivimos en el mundo real, no en un cuento de hadas. Pero podemos convertir nuestras vidas en cuentos. En el mundo perfecto, sin necesitad de unicornios o arcoiris. Sólo con felicidad, amor y amistad. Sentirse querido, vivir en un mundo que te gusta. Aunque ese mundo a veces te falle y no sea tal y como lo deseas, da igual, nada es perfecto ni eterno, simplemente tenemos que caminar tras nuestro sueño.
Quizá nunca llegues a creértelo, quizá no seas capaz de comprenderlo, pero es así. Aunque vistamos arapos, aunque juguemos con la lluvia o nos manchemos con el barro. Aunque lloremos, aunque suframos. Aunque no siempre seamos buenas, aunque nos hagan daño...
... nunca lo olvides, todas somos princesas, y no dejes que nadie te diga lo contrario.

No hay comentarios:
Publicar un comentario